miércoles, 17 de enero de 2018

El Divorcio es un Espejismo





Hoy en día el divorcio se ha convertido en la salida más rápida ante un matrimonio infeliz. Muchos piensan que es su boleto de salida del infierno que algunos creen estar viviendo con su cónyuge; sin embargo, como muchos otros atajos en nuestra vida, el divorcio es un espejismo.

Las parejas que comienzan su separación piensan que es un "momento difícil" que se acabará cuando firmen un documento que los haga libres. Piensan que "es lo mejor para sus hijos" porque es mejor estar separados que ser infelices. Y así son muchas las ideas equivocadas que las parejas manejan sobre el divorcio. Hay muchos matrimonios que piensan que saben lo que se les avecina al enfrentar un divorcio y por más señales de advertencia que encuentren en el camino, terminan resbalando en el agujero interminable de consecuencias llamado "Divorcio".

En primer lugar, el divorcio promete "libertad y paz" cuando en la realidad lo que otorga es una enorme sensación de frustración, soledad, fracaso y dolor. Las personas que se separan deben enfrentar la sensación de haber fracasado en algo trascendental en sus vidas y los persiguen sentimientos de culpabilidad y pasan por las etapas normales de la crisis como cuando se enfrenta cualquier otra situación grave. 

En segundo lugar, el divorcio promete "una nueva oportunidad de comenzar y hacer las cosas bien" y en realidad lo que otorga es un ciclo de tropiezos amorosos en búsqueda del "verdadero amor". Muchas parejas se separan y luchan con su autoestima para tener el valor de comenzar una nueva relación. Y hay personas que son incapaces de estar solas y se dan cuenta de eso cuando se involucran en una y otra relación que les termina acabando lo poco que les quedaba. Y hasta llegan a pensar "mi espos@ era mejor que esto". Y ni hablemos de los efectos negativos que está conducta genera en los hijos, que se quedaron sin padres porque ellos ahora están en "búsqueda del verdadero amor". 

En tercer lugar, el divorcio promete "estabilidad en los hijos" cuando en realidad lo que ofrece es la ruptura total y permanente del mundo de sus hijos. El único mundo que sus hijos conocen es su familia, cuando los padres se separan, su mundo se viene abajo... en el corazón y mente de los hijos siempre va a existir el más grande y feroz monstruo de todos los tiempos: el divorcio de sus padres. Ellos siempre van a preferir que sus padres estén juntos, aunque su relación no sea perfecta, aunque no tengan todas las comodidades económicas; pero están juntos y eso es una enorme lección de vida para ellos; pero este punto es tema para un libro entero.

Definitivamente siempre hay casos especiales, hay casos donde existe violencia, infidelidad y vicios en donde se hace casi imposible continuar con el matrimonio; pero la mayoría de divorcios hoy en día se tratan de incapacidad para negarse a sí mismos y hacer feliz al otro. Y si era tan bonita la idea del divorcio ¿Por qué duele tanto? Porque como seres humanos somos egoístas y preferimos tener la razón antes que ceder y ser mejores. 

No digo con todo esto que es imposible superarlo, claro que con esfuerzo y ayuda de Dios se puede superar; pero después de un tiempo de restauración personal y familiar. Al menos los adultos pueden lograrlo aunque la huella en los hijos nunca desaparecerá. Los que han tenido que vivir esta dolorosa situación saben de lo que hablo.

El matrimonio no se trata de que mi cónyuge "me haga feliz" se trata de que es mi responsabilidad hacer feliz a la persona que amo. Dejemos el egoísmo a un lado, dejemos las indiferencias, hablemos como gente pensante y madura que decidió unir sus vidas hasta la muerte. Al final, nos va a salir más barato esforzarnos ahora y salvar el matrimonio, que enfrentarnos a la ola de problemas que conlleva un divorcio, porque no es una salida real... es un espejismo. 

Cinthya Jiménez de Yánez
Pastora y Consejera Familiar

miércoles, 13 de julio de 2016

Cuando los hijos hieren a los padres


Es muy común escuchar historias de cuánto daño pudo haber recibido un hijo de sus padres. Es común oír a un hijo expresar su dolor porque su padre o su madre le marcaron de forma negativa. Es común escuchar frases como “mi madre me marcó con sus gritos” o quizá “mi padre me dañó cuando se la pasaba horas trabajando y no estaba en casa”.

La verdad es que como padres tenemos una inmensa responsabilidad al criar a nuestros hijos. No es nada fácil y siempre se ha dicho que los niños no vienen con instructivo incluido. Nos toca aprender a ser padres a través de los errores, es en el camino que se aprende a ser un buen padre o una buena madre. Lo cierto es que sí… los padres hemos dañado a nuestros hijos. Probablemente les hemos marcado y les hemos lastimado de por vida; pero ¿Qué de aquellos padres que han sido heridos, lastimados y marcados de por vida en forma negativa por sus hijos?

Los padres callan cuando un hijo les lastima. Una madre llora en soledad al sentirse humillada por sus hijos. Pocas veces se escucha decir a un padre “Mis hijos me han lastimado”. Porque los padres “deben” aguantar todo… al menos eso es lo que los hijos piensan. ¿Qué pasa cuando un hijo les grita a sus padres y les hace sentir que todo lo que han hecho no ha servido? ¿Qué pasa cuando una hija se va de casa con el vago que sus padres le advirtieron que no frecuentara? ¿Qué pasa cuando un padre de familia se esfuerza horas largas de duro trabajo para que sus hijos estudien, y estos no valoran ese esfuerzo y reprueban una y otra vez? Todas estas cosas que pasan en el día a día de las familias hieren a los padres.

Un padre y una madre también son seres humanos. Muchas veces creen que están haciendo mal su trabajo como padres y es necesario que sus hijos les digan de vez en cuando “Papi, mami, gracias por todo lo que haces por mí”. También los hijos deben pedir PERDÓN a los padres cuando les han gritado, cuando no han valorado su esfuerzo, cuando han creído que los padres están en la obligación de darles o hacer todo cuanto los hijos quieran, cuando la verdad es que los padres hacemos TODO POR AMOR.

Si tú eres un hijo que nunca se ha puesto a pensar en cómo estará el corazón de sus padres, hoy te invito a tomarte un momento para meditar, para reflexionar en cuántas veces has lastimado el corazón de los que más te aman. Quizá nunca te has puesto a pensar en si ese grito, esa actitud, esa mala cara lastimó a tus padres; pero la verdad es que sí, sí los lastima tu actitud, tus malas miradas, tus palabras hirientes, tu indiferencia. Un día ellos no estarán y si no los valoras sólo quedarán remordimientos.

Ama a tus padres, pídeles perdón y la próxima vez que quieras hacer un berrinche, piensa en cómo tu actitud podría dañarles. Ellos quizá nunca te reprocharán ni sacarán en cara todo el esfuerzo que han hecho para darte lo mejor. Siempre he creído que, si los hijos recordáramos nuestros primeros 5 años de vida, seríamos hijos más agradecidos, más conscientes, más amorosos. Por eso es que se dice que uno aprende a ser buen hijo cuando se convierte en padre o madre, porque hasta ahí nos damos cuenta de todo el sacrificio que conlleva la paternidad.

Aunque los hijos griten a los cuatro vientos el daño que sus padres les han hecho, un padre o una madre guardará silencio ante el dolor provocado por sus hijos, solo por amor.

“Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.” Efesios 6:2, 3
Cinthya Jiménez de Yánez
Pastora y Consejera Familiar

lunes, 16 de mayo de 2016

El día que la tierra tembló


A lo largo de mi corta vida sobre esta tierra he sido testigo de muchas situaciones tristes y dolorosas, he sido testigo de un golpe de estado, también del azote de un huracán categoría cinco, de un terremoto categoría siete, de amenazas de erupciones volcánicas, de actos de violencia cotidiano entre muchas otras más.

 No quiero que me malinterpreten no es que me estoy quejando o que mi vida ha sido un constante sufrimiento, tampoco quiero que piensen que tengo el don de mártir.


El sábado 16 de Abril del 2016 el Ecuador sufrió una de las tragedias más grandes en su historia, un terremoto de 7.8 grados, sin duda los efectos fueron desastrosos, fueron cientos las víctimas, y miles las personas que perdieron absolutamente todo, después de experimentar este suceso varias preguntas empezaron a circular por mi cabeza, una vez más me atacaron como cuando en otro momento pase por alguna de estas cosas. Una de ellas fue ¿Qué debería aprender de esta situación?

 La vida misma no sería suficiente para dar respuestas lógicas del porque tanto dolor y sufrimiento a través de las tragedias y fenómenos naturales. Una tragedia como esta no sólo destruye edificaciones y la infraestructura de una nación, sino que también la esperanza y la alegría; hace pedazos el ánimo social. En una situación como esta no hay alegría y júbilo, ya no hay planes a futuro, no hay seguridad; con un cuadro tan desgarrador como este podríamos pensar, que ya todo está perdido y que no hay esperanza.

Conozco esa sensación, esa desesperanza, esa tristeza profunda, ese dolor y esa impotencia al ver tanta necedad y tan poco que hacer; pero pienso que detrás de todo lo negativo, de todo el dolor y la tristeza, podemos ver más allá y es que una tragedia como esta nos da muchas oportunidades por ilógico que parezca.

 En primer lugar, nos da otra perspectiva de la vida y saber que somos vulnerables, que somos frágiles que la vida se puede acabar en cualquier momento y en cualquier circunstancia, a veces nos sentimos intocables y esto nos llena de orgullo, debemos entender que hoy estamos, mañana, sólo Dios lo sabe.

En segundo lugar, lo que podemos aprender es a valorar a nuestros seres queridos especialmente a nuestra familia, hoy son muchas las familias donde el luto es el acompañante, no sólo porque perdieron a un familiar sino a varios. Conocí el caso de una familia que estaba compuesta por 40 miembros y 15 de ellos fallecieron. No podemos esperar a una tragedia para unirnos como familia y expresarnos el cariño y el amor.

En tercer lugar, creo que una tragedia como esta nos permite estar más sensibles a buscar y acercarnos a Dios. Lamentablemente el ser humano desde la creación le ha dado la espalda y ha vivido su existencia bajo sus propias leyes y gobierno, el sufrimiento es una buena excusa para acercarse más a Aquel que está dispuesto a consolarnos.

 En cuarto lugar, creo que la tragedia es una buena oportunidad de sacar lo bueno en nosotros; pero lamentablemente la tragedia también a veces saca lo malo sin lugar a dudas. Lo bueno sería volvernos más sensibles ante la necesidad y actuar en favor del necesitado, estar unidos, compartir con el que no tiene, ser agradecidos porque posiblemente nuestra realidad ante esta tragedia es más dichosa que la de otros, lo malo es cuando nos volvemos mezquinos, fríos e indiferentes.

 Como cristianos no deberíamos esperar estas tragedias para orar constantemente e intensamente por esta nación y por sus habitantes, para recoger víveres y llevarlos al lugar donde hay necesidad.

Por último, lo que he aprendido y visto en mi experiencia ante estas situaciones es que aún de las cenizas Dios puede levantar una nación y de los escombros levantar nuevas bases, no sólo de concreto sino de escala de valores.

El Ecuador está herido, pero no muerto; está triste, pero no solo ni desamparado; está desesperado, pero no sin esperanza. Con la ayuda de Dios y todas las manos que se unan a trabajar por este hermoso país, ésta será sólo una más de las historias de héroes anónimos que se contarán las futuras generaciones, de la fuerza y el corazón de una nación que se levantó de una tragedia.  Pero también de la fidelidad de Dios, de la solidaridad humana, del día donde todos nacionales y extranjeros tuvimos una sola bandera.



¡Dios bendiga al Ecuador!

Gerardo Yánez

Pastor  y Teólogo

lunes, 1 de febrero de 2016

Abuelos Castradores

                       
                                        
Desde hace algunos meses viene dándome vueltas en la cabeza este tema de los padres que hacen todo por sus hijos adultos, sin darse cuenta del mal que les hacen, no solamente a ellos sino también a sus nietos. Por eso decidí escribir esto.

¿Qué es un "Abuelo Castrador"? Son esos padres que con el buen deseo de "apoyar" a sus hijos "en todo" los malcrían como padres; los incapacitan para desarrollar su labor paternal; les niegan la oportunidad de crecer y de hacerlo por su propia cuenta... En fin, los castran.

Estos hijos son castrados como personas en primer lugar porque no son capaces de tomar decisiones por sí mismos si papi y mami no están de acuerdo o no tienen participación en la decisión. 

También son castrados como hijos porque nunca pueden ser lo que sus padres anhelan, justamente por esta sobreprotección no tienen la fortaleza suficiente para luchar por lo que quieren y honrar verdaderamente a los padres, sino más bien lo que hacen es "darles gusto".

Estos hijos son castrados también como padres porque están bajo la sombra de sus propios padres, siempre. No son capaces de crecer como padres y tomar su responsabilidad como tal porque papá y mamá "siempre están ahí". Están ahí cuando se quieren ir de farra y seguir con su vida de solteros, están ahí cuando tienen que acompañar a sus hijos en momentos trascendentales y no saben cómo actuar, momentos como: primera menstruación; conversaciones sobre sexo; eventos de la escuela o colegio; noviazgo prematuro; conversaciones de temas relevantes, etc. Siempre son los abuelos los que responden, los que escuchan, los que actúan. Y aunque este es un gran apoyo, es más dañino de lo que parece. De esta forma están castrando a sus hijos como padres al quitarles la responsabilidad de crecer junto con sus hijos.

Algunos padres creen que ayudan a sus hijos cuando no se hacen responsables de sus propios hijos y son los abuelos los que ponen la cara por ellos; los que dan el dinero; los que negocian; los que sacan de su bolsillo para resolver lo que sus irresponsables hijos deben hacer. Y así tenemos por todo lugar mujeres adultas que son incapaces de cuidar a sus propios hijos, porque han sido sus propios padres los que han llevado la carga. Tenemos hombres irresponsables que se dedican a la bebida, a la droga o a andar de mujer en mujer porque sus propios padres le castraron, le negaron la oportunidad de ser adulto, de ser responsable, de ser padre. 

Hay padres que tienen que afrontar la difícil prueba de un embarazo en sus hijos adolescentes. Y se han visto extremos totales: unos que los corren de la casa y otros que crían a sus nietos asumiendo toda responsabilidad. Y este último lo único que provoca es que sus hijos ahora padres, traigan más hijos a casa para que sus abuelos los críen y los mantengan; esto sucede porque a ellos no les cuesta nada. No los cuidan porque siguen en sus clases en colegio privado como si nada; no los mantienen porque siguen siendo ellos mismos mantenidos; no los crían, porque tienen criadores privados de gratis: los abuelos castradores. 

Y por último, tengo que decir que lastimosamente los hijos de los castradores, también son castrados como cónyuges. Porque nunca rompen el cordón umbilical, siempre están en total dependencia con sus padres y esto no le permite adquirir responsabilidades en su propio hogar. No le tienen miedo al divorcio porque papá y mamá estarán ahí si el cónyuge le deja o se cansa. La mayor parte de abuelos castradores tienen serios conflictos en sus propios matrimonios porque no han aprendido lo que es la verdadera responsabilidad, ni la han inculcado a sus hijos.

Muchos padres reciben a sus hijos casados con gozo en sus casas cuando deciden irse de su propio hogar y abandonar a sus hijos y a su cónyuge. Esto es el peor daño que le puede causar al matrimonio de sus hijos. "El casado casa quiere" dice un conocido refrán. Aconseje a su hijo o hija, tómense un café juntos hasta calmarse; pero devuélvalo a su hogar, devuélvalo a afrontar su responsabilidad y sáquelo de sus faldas. Si no lo hace, le tendrá continuamente ahí metido una y otra vez, hasta acabar su matrimonio y con su propia vida por irresponsable. 

Quizá para muchos mis palabras sean muy fuertes; pero son cosas que veo todo el tiempo. Cuando le comenté a alguien que quería escribir este artículo, me preguntaron ¿Por qué no padres castradores en lugar de abuelos? Y es que yo pienso que un padre castrador no solamente hace daño a sus hijos, sino también a sus nietos; pero también a todos los que están alrededor de ellos. La misma gente lo nota y se cansa de tanta irresponsabilidad de parte de los hijos castrados. 

Una forma fácil de evaluar si hemos caído en este error, es analizarse en las siguientes preguntas:
- Si usted es abuelo pregúntese: ¿Pueden mis hijos vivir sin mí? ¿Puedo alejarme un poco de la vida de mis hijos y vivir mi propia vida sin que se resientan? ¿Puedo tomar decisiones en mi tiempo y en mi dinero sin afectarles a ellos? ¿Podrían mis hijos cumplir con todas sus responsabilidades sin mi ayuda?

- Si usted es padre de familia pregúntese: ¿Podría vivir mi vida normalmente y sin problemas sin el apoyo de mis padres? ¿Podrían mis hijos crecer normalmente sin la ayuda de mis padres? ¿Podría tomar decisiones solamente con mi cónyuge o por sí solo en cualquier área de mi vida? ¿Puedo asumir todas mis responsabilidades como padre y como cónyuge sin la ayuda de mis padres?

Si la respuesta a la mayoría de estas preguntas es no, usted está en el dañino error al que yo llamo "castración familiar". En donde los abuelos les dan todo a sus nietos, menos unos buenos padres. En donde las relaciones se vuelven enfermizas y los niños crecen sin el amor verdadero y sin el ejemplo de padres esforzados y responsables. 

¡No me mal interpreten por favor! No digo que los abuelos tienen que desaparecer, más bien la labor de ellos es muy importante en el sano crecimiento del niño. Lo que digo es que los abuelos no pueden hacer el papel de padres, por muy buenos que sean. Nadie puede ocupar el lugar de un padre o una madre. Cuando los abuelos se interponen, eso es lo dañino.

Un día no estaremos como padres para resolverles la vida, lo único que quedará en ellos es el daño de no saber cómo hacer las cosas porque mamá y papá nunca le enseñaron, siempre las hicieron por ellos. Lo que quedarán serán hombres y mujeres incapacitados para ser hijos, padres y esposos. 

Aunque como padres pasemos por dificultades de todo tipo, eso nos enseña a arreglárnoslas de alguna manera, nos enseña a crecer; nos enseña a madurar, a ser responsables y a luchar por nuestra familia. El águila le enseña a sus aguiluchos a volar de una forma muy sencilla: los avienta al vacío. O se mueren o aprenden a volar. 

No les sirvamos a nuestros hijos de pilotos, enseñémosles a volar. Lo mejor que podemos darle a nuestros hijos son alas para volar por sí mismos.

Cinthya Jiménez de Yánez
Pastora y Consejera Familiar

miércoles, 22 de julio de 2015

Papi, mami ¿Quién es Dios?



¡Cuántas bendiciones anhelamos para nuestros hijos! Cuando nos convertimos en padres nos invade un temor tan grande por ellos. Lo único que le pedimos al Señor es que los cuide y los bendiga. El problema es que queremos la bendición de Dios para nuestros hijos; pero no queremos mostrarles a Dios.

Muchos padres jóvenes se dan el lujo de dejar a Dios de lado en su vida y en su familia, cuando los hijos son pequeños no hay grandes conflictos y por eso "Dios no es importante" excepto cuando se enferman. Ahí sí que le pedimos a Dios un millón de milagros y le hacemos cientos de promesas que nunca vamos a cumplir.
 
 
Para muchos padres jóvenes da igual ir a la iglesia un domingo o ir con sus hijos al estadio, a la playa, al cine o simplemente quedarse un tiempo "en familia" en casa. Y de esta manera les estamos enseñando a nuestros hijos que Dios NO ES IMPORTANTE EN NUESTRA FAMILIA. Pero hay que pedirle que nos bendiga... Me imagino que eso debe hacer un cortocircuito en la mente de los niños. ¿Cómo es que alguien que no es importante para nosotros puede concedernos tanto?

Para muchos padres Dios comienza a existir o a ser relevante cuando sus hijos entran en la adolescencia. Porque es aquí donde aparecen temas como drogas, rebeldía, sexo, bajas calificaciones, etc. Y es ahí donde comienzan a pedir oración, a visitar más seguido la célula y la iglesia. Y peor aún, comienzan a obligar a sus hijos adolescentes a ir a una iglesia a buscar de un Dios que ellos como padres NUNCA DIERON PRIORIDAD

Se dice que la mejor herencia que los padres podemos dejar a nuestros hijos es la educación. Y yo creo que es una buena herencia; pero LA MEJOR HERENCIA QUE PODEMOS DEJARLE A NUESTROS HIJOS ES A DIOS EN SU CAMINO. Y digo porque:
    - Si les dejamos educación pueden tener títulos; pero sólo Dios abre las puertas.
    - Si les dejamos dinero, pueden alcanzar bienestar; pero sólo Dios nos orienta a ser buenos administradores para que el dinero no sea un amo y un factor de perdición. 
    - Si no les dejamos nada, Dios es el proveedor de TODAS LAS COSAS. 

Sólo Dios puede darle a nuestros hijos todo lo que nosotros como padres no podemos darles. Si les dejamos a Dios en sus vidas ellos podrán tener consuelo en el día de la tristeza; tendrán auxilio en el día de la prueba; tendrán provisión en el día de la escasez; tendrán paz en el día de la tribulación; tendrán sanidad en el día de la enfermedad y tendrán salvación en el día de su muerte. ¿Acaso hay algo mejor para heredar?

Si realmente quieres lo mejor para tus hijos, muéstrales a Dios en tu vida. No los lleves a la iglesia esperando que "alguien" les dé un buen ejemplo o que "alguien" les enseñe a amar a Dios porque esa es tu responsabilidad. 

                                      
    
No porque sean pequeños significa que no entienden. Desde ya tus hijos saben quien es importante en la familia. Si saben que hay una tía a la que nunca visitas, saben que no te gusta ir a la casa de los abuelitos... ¿Tú crees que no saben si Dios es alguien importante en tu vida? Entre más pequeños estén para que les enseñes a amar a Dios será mejor. 

No esperes que llegue la adolescencia o los días de rebeldía de tus hijos para buscar ayuda. Asegúrate desde ahora que tu hijo teniendo a Dios como prioridad en su vida tendrá la fortaleza para decir no a las drogas. Asegúrate desde ya que tu hija amará más a Dios que a cualquier vago que se aparezca en su camino pidiéndole su cuerpo. 

Y de la única manera que puedes mostrarles a Dios en tu vida es amando a Dios más que tu hobby, más que tus vacaciones, más que tu cansancio, más que tu trabajo, más que a ti mismo. Es diciendo a tus hijos "Dios es primero"... No sólo con palabras sino con hechos. Cuando oras en casa agradeciendo por los alimentos; cuando les lees la Palabra antes de dormir; cuando la música que se escucha en casa honra a Dios; cuando mis palabras honran a Dios; cuando en mi tiempo Dios y su servicio es prioridad; cuando en la iglesia me ven cantar con la misma alegría he lo hago en casa. Cuando al Dios que al que adoramos como familia el domingo, es el mismo que adoramos en casa y no es un desconocido. 

Me da tanta tristeza escuchar a padres jóvenes decir: "Yo no sirvo a Dios o no voy a la iglesia porque tengo hijos pequeños" como si sus hijos fueran un problema. Cuando escucho esto me parece que están renegando delante de Dios por esos hijos. Cuando la Palabra nos enseña que:
«Los hijos que tenemos son un regalo de Dios. Los hijos que nos nacen son nuestra recompensa. Los hijos que nos nacen cuando aún somos jóvenes, hacen que nos sintamos seguros, como guerreros bien armados. Quien tiene muchos hijos, bien puede decir que Dios lo ha bendecido.» Salmos 127:3-5 TLA. 
Los hijos son una bendición, no un problema. 

El día que presenté a mi hijo ante el Señor, fue un día muy importante para mi vida como madre. Porque no se trató de un mero ritual de bendición para mi hijo, sino mi promesa y compromiso delante de Dios de esforzarme en ser el mejor modelo para él, quiero que mi hijo conozca a Dios porque lo ve en mí y que aprenda a amarlo mucho más de lo que yo lo amo.

Nuestros hijos son nuestra mejor razón para vivir una vida consagrada totalmente a Dios. Porque al final lo único que podemos dejarles es nuestro ejemplo de vida. 

La mejor herencia que tenemos para darles es a Dios en sus vidas. ¡Comienza hoy!

Cinthya Jiménez de Yánez
Pastora y Consejera Familiar




martes, 7 de julio de 2015

Votos matrimoniales ¿Era en serio?



¡Qué día tan hermoso aquel cuando nos prometimos amor eterno! La boda soñada, el vestido hermoso, la celebración más importante de nuestra vida. ¡Una fecha inolvidable!

Lamentablemente lo que sí se olvida son las promesas que hicimos ese día en el altar. Hoy en día el matrimonio es perfecto sólo en las fotos. Porque en la vida real muchos decidieron dejar a un lado lo que se prometieron delante de personas importantes y más grave aún, delante de Dios. Y el matrimonio se ha vuelto "desechable". Sin embargo no me quiero enfocar en esto, sino más bien en los votos...

¿Quién recuerda los votos de su boda? La verdad yo no... Estaba tan feliz y emocionada que no tengo la más mínima idea de lo que prometí; pero todos sabemos que lo tradicional es decir que "Aceptamos estar juntos en la salud y en la enfermedad; en la riqueza y en la pobreza; hasta que la muerte nos separe"... ¡Oh Dios mío qué palabras más importantes! Y NO LO RECORDAMOS!!!

Yo tengo que decir que últimamente he estado reflexionando en esos votos, que aunque no los recuerdo tuvo que ser algo parecido a eso. Y digo esto porque en mi matrimonio estamos pasando por la parte de "en la salud y LA ENFERMEDAD"... No ha sido problema estar unidos en la pobreza porque lo hemos sobrellevado con fe en momentos difíciles; pero este tramo de la enfermedad y cumplir con lo prometido en el altar, ha sido duro.

Uno promete estar ahí en la enfermedad; pero creo que en ese momento pensamos (si es que pensamos...) en una enfermedad pasajera como una gripe, una pierna quebrada o algo leve. Sin embargo cuando una enfermedad crónica toca a la puerta de tu matrimonio... Ahí es donde el voto se pone a prueba.

Mi esposo sabe muy bien lo difícil que es cumplir con este voto. Creo que jamás se imaginó que sería tan difícil; PERO ESTOY TOTALMENTE AGRADECIDA CON ÉL POR SU VALENTÍA! No ha sido fácil para él tener que verme "apagada" porque simplemente no funciono. Ha tenido que salir adelante como cuando una pierna no funciona bien, cojeando porque yo no estoy al 100% a su lado; pero ¡Él está al 1000% al mío!. Ha sido tan valiente al tener que partirse en dos para acudir ante el llanto de mi bebé y mis gritos de dolor en las noches; ha tenido que dividir los ingresos entre el alimento y las medicinas y cuando no hay, ingeniarse la manera de conseguirlo. Ha tenido que aprender a cocinar y hacer cualquier labor de la casa por los días que mi cuerpo simplemente no quiere funcionar y para que yo esté tranquila. Ha tenido que sacar adelante las labores pastorales solo y poner cara de fuerte aunque esté preocupado y agotado.

Mi esposo sabe muy bien de lo que se trata este voto porque aunque sea muy difícil, cada día me demuestra con hechos que lo dijo en serio. Yo no lo merezco; porque la otra parte del voto se trata de dejarse ayudar en la enfermedad y también es difícil ver a tu ser amado desgastarse por amor. Es difícil saber que hay tanto que hacer y no poder colaborar y simplemente dejarse cuidar. No lo merezco porque tal regalo, tal sacrificio, tal acto de amor no se puede ganar con nada. 

El paso por la enfermedad ha sido muy duro; pero saber que lo que un 15 de diciembre del 2006 prometimos ante Dios es real, me da fuerzas para seguir adelante y hacer que valga la pena el esfuerzo de mi pastor, mi enfermero, mi consejero, mi paño de lágrimas, mi mejor amigo, el esfuerzo del amor de mi vida. Sólo quiero decir hoy: GRACIAS GERARDO YÁNEZ POR ESA CLASE DE AMOR! Tu amor me levanta, me sana, me da vida y sé que sólo Dios te puede enseñar cómo amar así. Te amo... Prometo hacer valer tu esfuerzo como esposo, como padre y como hombre de Dios. 

Muchos ante una enfermedad grave o ante una crisis económica o de cualquier tipo abandonan el barco porque no creían que esos votos eran en serio; pero sólo hasta que tienes la oportunidad de ponerlos en práctica te das cuenta si lo que prometiste era cierto o no. El verdadero amor matrimonial consiste en levantar al otro cuando esté caído; en estar ahí no para sacar provecho del otro sino para entregar tu vida por su bienestar. ¿Cómo lo sé? PORQUE MI ESPOSO ME ENSEÑA SOBRE ESE TIPO DE AMOR TODOS LOS DÍAS. De él estoy aprendiendo...

¿Fue cierto lo que prometiste? ¿Has cumplido con tus votos matrimoniales como deberías hacerlo? Ningún sacrificio o esfuerzo está fuera del verdadero amor. Se necesita ser valiente y hasta heroico para cumplir con estos votos. 

¡Los héroes sí existen! Yo conozco a uno que me llama "esposa".

Cinthya Jiménez DE YÁNEZ 
Pastora y Consejera Familiar


viernes, 17 de abril de 2015

Un ladrón en casa

¡Hemos invitado a un ladrón a nuestra casa

Sí, así es. Y comparte con nosotros como si fuera de la familia, y muchas veces lo tratamos mejor y le dedicamos más tiempo que a los propios miembros de la familia. Este ladrón ha venido con una invitación de nuestra parte, y hasta hemos pagado para que venga... Y con fuerza ha llegado a robarnos tiempo, relaciones importantes, habilidades y muchas cosas más.

Este ladrón a quien gustosamente hemos invitado a la casa se llama TECNOLOGÍA. Y por favor no me mal interpreten, a mí me encanta la tecnología y los que me conocen lo saben; sin embargo hemos llegado a un punto en donde nuestras vidas con y en la tecnología es más importante que la vida real.

Y ¿Por qué digo que la tecnología nos roba? Porque con tantas cosas "Smart" que nos "faciliten" la vida, nos estamos perdiendo de muchas cosas importantes. Por ejemplo ya casi nadie escribe a mano, todo es a través del celular o la computadora y si esto tampoco le gusta, tiene la opción de "dictado". Otro caso son las calculadoras que nos "evitan la fatiga" de tener que hacer operaciones matemáticas mentalmente.Y no digo que sea malo, yo uso cada una de estas opciones. Lo peligroso es que dejemos de practicar habilidades que son beneficiosas para nuestro cerebro.  

Pero esto es secundario. Lo que más me preocupa es que la tecnología nos está robando el tiempo en familia. Las consolas de videojuegos, las computadoras, la televisión, estos siempre han sido factores distractores en la familia; pero no pueden faltar los benditos "Smartphone".

Hoy quien no tiene un Smartphone es un fenómeno y es acusado a veces de "tacaño" o de "anticuado". Son múltiples los beneficios que obtenemos con uno de estos celulares si sabemos utilizarlos con prudencia; pero también si no los usamos de manera "inteligente" nos pueden causar serios problemas familiares.

 Muchas veces estamos completamente inmersos en nuestro mundo virtual revisando las redes sociales, conversando por chat o simplemente jugando alguno de los cientos de jueguitos que muy "amablemente" nuestras amistades del face nos envían a cada rato y por estar en estas, descuidamos lo que realmente es importante: LA FAMILIA. 


Uno de los problemas familiares que nos trae el no utilizar esta tecnología correctamente es la discordia entre pareja. Algunas parejas se pelean entre sí porque se cuestionan por tanto tiempo que pasan chateando y se siembra la duda si hay otra persona entre ellos debido a las largas conversaciones por chat. Y aunque no sea así, se siembran dudas y celos innecesarios porque en lugar de dedicar tiempo en pareja estamos metidos en el celular día y noche. O aunque no haya celos de por medio el otro se siente desplazado por un aparato. Me pregunto yo ¿Será este un tipo de infidelidad?.


Otro conflicto es entre hijos y padres. Hoy en día ¡niños tienen celular! Tienen su propia laptop y ni se diga de las consolas de videojuegos. Y hemos permitido que esta tecnología nos robe tiempo valioso con nuestros hijos. Preferimos que se queden quietos embobados con estos aparatos y que "no molesten" y de esta manera viven cada vez más alejados de las relaciones cara a cara. Como consejera familiar no recomiendo que los niños y adolescentes tengan internet en sus celulares y tampoco que tengan una computadora en su habitación. Esto es darles una responsabilidad más grande de la que puedan soportar. Hay tantas cosas en el internet que están al alcance de un clic y como padres debemos ser cuidadosos y responsables de lo que nuestros hijos ven y escuchan. 


Y por último, la tecnología mal utilizada nos está robando el valioso tiempo que como padres debemos dedicar a nuestros hijos. Mamá y papá ni voltean a ver a su niño o niña porque "están ocupados" atendiendo asuntos en su teléfono celular. Y equivocadamente creemos que la llamada, el mensaje o el post es más importante que la necesidad inmediata de los hijos. Y fríamente no lo pensamos o decimos; pero nuestras acciones así se lo están indicando a ellos. 

Que terrible es ver familias que se sientan a la mesa y el invitado especial en ella es el celular. Ya sentarse a la mesa dejó de ser un momento importante como familia porque cualquier sonido que emita esa cosa será más importante que compartir un momento especial con los nuestros. 

Reflexionemos. Seamos sabios y utilicemos correctamente la tecnología y no permitamos que nos robe momentos únicos en familia. Si valora ciertos momentos del día con los suyos, olvídese de ese aparato y dedique tiempo a lo que realmente vale la pena, al menos durante los momentos que son sagrados como familia, si es que los tenemos.

Usemos la tecnología y no dejemos que ella nos use a nosotros.

Cinthya Jiménez de Yánez
Pastora y Consejera Familiar